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27 enero 2026

La clave de la inteligencia humana reside en las redes cerebrales

 

La neurociencia moderna entiende el cerebro como un conjunto de sistemas especializados, la función cerebral como la atención, la percepción, la memoria, el lenguaje y el pensamiento se han mapeado en redes cerebrales distintas, y cada una se ha examinado en gran medida de forma aislada. Si bien este enfoque ha producido avances importantes, ha dejado sin resolver uno de los hechos más básicos de la cognición humana: su unidad general como sistema integrado.

La inteligencia general no es en sí misma una habilidad ni una estrategia, argumentaron los investigadores. Es un patrón: la tendencia a que diversas habilidades se correlacionen positivamente. El estudio sostiene que este patrón refleja diferencias en la eficiencia con la que las redes cerebrales se organizan y trabajan juntas.

Investigadores de la Universidad de Notre Dame han realizado un estudio de neuroimagen para investigar cómo se organiza el cerebro y cómo ese sistema integrado genera inteligencia. 

Los neurocientíficos cognitivos analizaron imágenes cerebrales y datos cognitivos de uno de los estudios más amplios realizados hasta la fecha, en el que se examinaron 831 adultos en el Proyecto Conectoma Humano, junto con una muestra independiente de 145 adultos en el Estudio INSIGHT. Los investigadores integraron medidas de la estructura y la función cerebral para permitir una caracterización más precisa del cerebro humano.

En lugar de identificar la inteligencia con una función cognitiva o red cerebral específica, la Teoría de la Neurociencia de Redes la caracteriza como una propiedad del funcionamiento del cerebro en su conjunto. Desde esta perspectiva, la inteligencia refleja cómo se coordinan y reconfiguran dinámicamente las redes cerebrales para resolver los diversos problemas que enfrentamos en la vida.

Los investigadores encontraron evidencia que apoya cuatro predicciones de la Teoría de la Neurociencia de Redes. En primer lugar, la teoría predice que la inteligencia no se localiza en una sola red cerebral, sino que surge del procesamiento distribuido en múltiples redes. Por lo tanto, la inteligencia depende de cómo el cerebro gestiona la división del trabajo entre diferentes redes y las combina según sea necesario.

En segundo lugar, para que el cerebro gestione este procesamiento distribuido, requiere integración y comunicaciones eficaces a larga distancia. Para sincronizar estos esfuerzos, existe un amplio y complejo sistema de conexiones que sirven como atajos que conectan regiones cerebrales distantes e integran información a través de las redes. Estas vías conectan áreas estructuralmente distantes del cerebro, lo que permite una comunicación eficiente y apoya el procesamiento coordinado en todo el sistema.

En tercer lugar, una integración eficaz requiere un control regulatorio que coordine las interacciones entre redes, configurando el flujo de información a través del cerebro. Estas áreas actúan como centros reguladores, interactuando con otras redes para orquestar las actividades cerebrales en curso. Reclutan selectivamente las redes apropiadas para la tarea específica en cuestión, ya sea juntar pistas sutiles para darle sentido a un problema, aprender una nueva habilidad o decidir si una situación requiere una deliberación cuidadosa o una respuesta rápida e intuitiva.

La inteligencia general depende de la capacidad del cerebro para equilibrar la especialización local con la integración global. En otras palabras, el cerebro funciona mejor cuando grupos locales estrechamente conectados se comunican bien, pero aún son capaces de conectarse con regiones distantes del cerebro a través de vías de comunicación cortas. Esto permite la resolución de problemas más eficaz posible.

La investigación sugiere que la inteligencia está unificada no porque el cerebro dependa de un único procesador de propósito general, sino porque los mismos principios organizativos dan forma a cómo todas las funciones cognitivas trabajan juntas.

En ambos conjuntos de datos, las diferencias individuales en la inteligencia general se asociaron consistentemente con estas propiedades a nivel de sistema. Ninguna región o red de inteligencia canónica individual explicó el efecto.

Las implicaciones de este estudio van más allá de la investigación sobre inteligencia, ofrece una explicación fundamentada de por qué la mente está unificada. Este marco ayuda a explicar por qué la inteligencia se desarrolla ampliamente durante la infancia, disminuye con la edad y es particularmente sensible a la lesión cerebral difusa. En cada caso, es la coordinación a gran escala, no la función aislada, la que cambia.

Los hallazgos también fundamentan los debates actuales sobre la inteligencia artificial y el desarrollo de los modelos de IA. Si la inteligencia general en humanos surge de una organización a nivel de sistema, en lugar de un mecanismo específico de propósito general, lograrla en sistemas artificiales podría requerir algo más que la acumulación o el escalamiento de capacidades especializadas.

Este estudio se publicó en la revista Nature Communications.


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