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23 de noviembre de 2007

La Fotomedicina

Es la aplicación de luz, en cuya gama se encuentran la intensa pulsada, la azul y roja, y los láseres, que se dividen en ablativos, muy eficaces pero con un postoperatorio más prolongado, y los no ablativos, de resultados iniciales menos espectaculares pero con un postoperatorio sin baja laboral temporal. La combinación de varios de estos sistemas permite obtener el mejor resultado y la más rápida recuperación con los menores riesgos y menores molestias, diseñándose, pues, un tratamiento a la medida de cada paciente. Los criterios que se siguen para elegir la luz adecuada se basan primero en el establecimiento de la severidad del problema, y después en la selección del procedimiento en función del tiempo que la persona pueda permanecer sin estar expuesta al sol. Una vez conocidos estos condicionantes familiares, sociales y laborales, se podrá escoger entre una técnica de luz mínimamente agresiva o una totalmente inocua. Esta última exige más tiempo de recuperación. A todos nos corresponde un envejecimiento cronológico basado en un perfil genético. Lo que ocurre es que hay personas cuyo proceso de envejecimiento está por encima de ese perfil por haber estado sometidos a factores ambientales como la exposición al sol, lo que conlleva que el rostro pueda estar peor conservado que el resto del cuerpo. La manera de medir esos grados de deterioro se rige por parámetros de la piel como tono, textura, tersura, pigmentación y arrugas. En cuanto a los otros muchos productos que se publicitan para el rejuvenecimiento facial, a menudo son artículos cosméticos de eficacia limitada o bien procedimientos de aplicación indiscriminada y por tanto no personalizados, que a su vez requieren de ciertos aparatos que deben ser manejados por manos expertas, por lo que no estaría de más evitar los sitios que no merezcan confianza.

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