Investigadores del Heritage College of Osteopathic Medicine de la Universidad de Ohio han descubierto nueva información sobre cómo se desarrolla la diabetes tipo 2 y cómo los tratamientos futuros podrían ayudar a proteger las células productoras de insulina en el páncreas.
El estudio, publicado en la revista Metabolites, se centró en las células beta del páncreas que producen insulina. En personas sanas, estas células liberan insulina en pulsos cada cinco minutos aproximadamente; la liberación es menor entre comidas y mayor después de comer. Los científicos saben desde hace años que este patrón de pulsos ayuda al hígado a responder mejor a la insulina, pero no estaba claro si estos pulsos también contribuyen a mantener sanas las células beta.
Los investigadores expusieron células de los islotes pancreáticos a altos niveles de glucosa para simular las condiciones que se dan en las primeras etapas de la diabetes. Luego, utilizaron un sistema diseñado a medida para crear ciclos rítmicos de actividad y descanso en las células. El equipo comparó dos enfoques utilizando un compuesto llamado D-manoheptulosa, o MH, que reduce la demanda de liberación de insulina. Un grupo de células recibió MH de forma continua, mientras que otro grupo la recibió en pulsos cortos un poco cada minuto.
Las células tratadas con MH pulsado recuperaron una función más normal que las tratadas de forma continua. Los investigadores observaron mejoras en la detección de glucosa, la señalización de calcio y marcadores relacionados con un menor estrés celular.
El estudio también presentó un nuevo sistema de laboratorio que permite a los investigadores controlar la actividad rítmica de las células beta. El equipo afirma que esta herramienta podría ayudar a los científicos a comprender mejor cómo la diabetes daña las células productoras de insulina y cómo se podrían proteger dichas células. Además, podría utilizarse para analizar cualquier célula con actividad rítmica intrínseca, como las células de la hipófisis que liberan la hormona del crecimiento y las células del estómago que producen la grelina, la hormona del hambre.
Los investigadores creen que estos hallazgos podrían respaldar futuras terapias destinadas a ralentizar o prevenir la progresión de la diabetes tipo 2, al ayudar a que las células beta se mantengan más sanas durante períodos más prolongados.


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