Aunque solemos pensar que la divagación mental es perjudicial, puede estimular la creatividad. Al comprender mejor las situaciones en las que surge la divagación mental, podemos diseñar mejor nuestro trabajo y nuestro ocio, no solo para resolver problemas, sino también para disfrutar de los caminos que nos depara nuestra mente.
Un estudio reciente, publicado en la revista
Consciousness and Cognition, exploro qué aspectos de una tarea provocan que la
mente divague. Desde hace tiempo se cree que la divagación mental sigue una
curva en forma de U en relación con la dificultad de la tarea.
Durante el estudio, solicitaron a 80 participantes que
realizaran una de tres tareas uniformes y altamente controladas, todas las
cuales activaban el sistema de control inhibitorio del cerebro. Este sistema es
responsable de la capacidad del cerebro para detener una acción o suprimir una
respuesta. En la primera tarea, los participantes debían reaccionar siempre a
la señal de "adelante" o bien contenerse para no reaccionar. Esta es
una tarea conocida como "ir/no ir", en la que los participantes a
veces deben reprimir su respuesta automática. En la segunda tarea, los
participantes debían responder a una de dos letras o a una de seis. Esta es una
tarea de "elección forzada". En este caso, se espera que las personas
lean todas las respuestas y eviten presionar el botón incorrecto. En la tercera
tarea, los participantes debían seleccionar el mayor de dos números, sin tener
en cuenta que, en ocasiones, este número aparecía escrito con una fuente más
pequeña. Esto se conoce como una "tarea de Stroop numérica", en la
que las personas deben ignorar la información incongruente (el tamaño de la
fuente) para centrarse en el valor del número. Cuanto más cercanos sean los
valores numéricos, más difícil resulta la tarea. Durante cada una de estas
tareas, preguntaban ocasionalmente a los participantes si su mente divagaba, al
tiempo que monitorizaban sus tiempos de reacción y su precisión.
En las dos primeras tareas, la mente de los participantes
divagaba más cuando no tenían que interrumpir activamente una respuesta y
cuando solo disponían de dos opciones. Asimismo, las respuestas fueron más
rápidas y precisas en estas tareas más sencillas.
Los resultados de la tercera tarea fueron más
sorprendentes. Cuando la tarea era más difícil cuando los valores numéricos
estaban más cerca entre sí las reacciones de las personas eran más lentas y
menos precisas. Sin embargo, el nivel de dificultad no influyó en la divagación
mental: las mentes de las personas seguían divagando prácticamente igual que en
las tareas más fáciles.
Estos hallazgos demuestran que cuando activamos nuestro
sistema de control inhibitorio, prestamos más atención y nos tomamos nuestro
tiempo para responder. En otras palabras, si no tenemos que controlar nuestra
atención, es posible que no lo hagamos.
Si quieres mantenerte concentrado, prueba una actividad
que implique detenerte de vez en cuando o tomar decisiones en las que la opción
más fácil no sea la correcta. Si prefieres que tu mente divague, opta por una
actividad más estable y constante.
Por poner un par de ejemplos deportivos: si juegas al
tenis, necesitas reaccionar y tomar decisiones constantemente, así que es más
probable que te mantengas concentrado. Pero si sales a correr, probablemente
solo estés poniendo un pie delante del otro sin exigirle demasiado a tu sistema
de control inhibitorio, por lo que tu mente tiene libertad para divagar.
En un contexto laboral, si quieres concentrarte, quizás te ayude usar tu sistema de control inhibitorio (en la medida justa, por ejemplo, trabajando desde una cafetería con algunas distracciones que debas ignorar activamente). Por supuesto, esto podría no ser así para todos, especialmente cuando entran en juego la neurodivergencia y los hábitos. Es importante probar diferentes estrategias para ver cuál funciona mejor, no todos los problemas se resuelven sentado en tu escritorio. A veces, necesitas dejar que tu mente divague para tener espacio para resolver problemas de forma creativa.


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