Un nuevo estudio del Instituto
Salk revela una respuesta sorprendente: el factor de crecimiento de
fibroblastos 1 (FGF1), una proteína cuya producción en el hígado aumenta y
disminuye diariamente para desencadenar una liberación constante de grasa. En
otras palabras, el hígado utiliza la señalización del FGF1 para regular la
liberación de grasa y así proporcionar energía a tejidos como el corazón y los
músculos cuando más la necesitan.
Los hallazgos, publicados
en Nature Communications , arrojan luz sobre cómo
se regula la secreción de grasa hepática en una fisiología sana y qué falla en
la MASLD y otros trastornos metabólicos.
El equipo demostró que el FGF1
es un producto del reloj interno del hígado, que continúa aumentando y
disminuyendo cada día incluso cuando se eliminan los horarios de alimentación y
las señales de luz.
El FGF1 actúa uniéndose a un
receptor en la superficie de las células hepáticas, lo que desencadena una
reacción en cadena dentro de la célula, que incluye, sorprendentemente, la
afectación de una proteína normalmente conocida como sensor de estrés celular,
que en última instancia le indica al hígado que empaquete y libere grasa en el
torrente sanguíneo.
Para comprobar qué ocurre sin
FGF1, el equipo lo eliminó específicamente en el hígado. El ritmo diario de
secreción de grasa desapareció, lo que provocó acumulación de grasa y una
progresión acelerada de la enfermedad en modelos de ratón. Además, cuando la
MASLD ya se había desarrollado, la reintroducción de FGF1 detuvo la progresión
de la enfermedad.
Los hallazgos ilustran un principio más amplio: identificar las señales moleculares que rigen la fisiología normal, en este caso el ritmo diario de exportación de grasa desde el hígado, puede revelar nuevas vulnerabilidades en las enfermedades y orientar futuras terapias. Este trabajo también podría ayudar a explicar por qué la alteración del ritmo circadiano, desde el trabajo por turnos hasta la privación crónica del sueño, se ha relacionado con enfermedades metabólicas. Cada paso mecanicista descubierto acerca el campo a terapias basadas no solo en el control de los síntomas, sino también en la biología fundamental de cómo el cuerpo regula la grasa.


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