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27 agosto 2026

Uso del fitoeno presente en los tomates para tratar el hígado graso


Durante décadas, el licopeno, el pigmento rojo, ha sido considerado el nutriente estrella del tomate sin embargo un compuesto poco conocido presente en ellos podría ayudar a proteger contra la enfermedad del hígado graso.

Una nueva investigación de la Universidad de Tufts sugiere que el fitoeno, un precursor incoloro del licopeno, también podría contribuir a los efectos protectores de los tomates contra una forma de enfermedad del hígado graso crónico.

El estudio, reveló que los ratones a los que se les administró fitoeno desarrollaron una enfermedad hepática grasa considerablemente menor que los ratones alimentados con la misma dieta poco saludable, pero sin este compuesto. Si bien no es visible en los tomates rojos maduros, el fitoeno es un componente natural que las plantas transforman en licopeno y otros carotenoides: los pigmentos rojos, amarillos y naranjas que dan a muchas frutas y verduras sus colores vibrantes.

Los científicos saben desde hace años que los tomates pueden ayudar a proteger el hígado. Sin embargo, en estudios con animales, el polvo de tomate ha demostrado ser más eficaz que el licopeno purificado para proteger el hígado, lo que sugiere que otros compuestos presentes en los tomates también podrían contribuir a estos efectos beneficiosos.

Para este nuevo estudio, los investigadores alimentaron a dos grupos de ratones con una dieta rica en carbohidratos refinados durante seis meses para imitar los patrones dietéticos asociados con la enfermedad del hígado graso en humanos, incluido el alto consumo de alimentos y bebidas azucaradas. La mitad de los ratones también recibió suplementación con fitoeno en una dosis equivalente a la que consumiría una persona al día, ya sea tres o cuatro tomates crudos medianos o 100 gramos (3,5 onzas) de pasta de tomate (un poco más de un tercio de taza). Posteriormente, el equipo comparó la salud hepática, el metabolismo y la microbiota intestinal de los ratones que recibieron fitoeno con los que no lo recibieron. Los científicos también examinaron las diferencias entre ratones machos y hembras, así como entre ratones normales y ratones deficientes en dos enzimas implicadas en la conversión de carotenoides en metabolitos biológicamente activos.

Los ratones que recibieron fitoeno desarrollaron una enfermedad del hígado graso mucho menos grave que aquellos que no recibieron el suplemento. En lugar de actuar alterando el microbiota intestinal, el fitoeno pareció activar varias proteínas clave implicadas en la regulación del metabolismo hepático, ayudando al hígado a quemar el exceso de grasa para obtener energía en lugar de permitir que se acumule.

Los ratones que carecían de las enzimas necesarias para metabolizar el fitoeno acumularon niveles mucho más altos de este compuesto en sus cuerpos, pero no recibieron la misma protección contra la enfermedad del hígado graso. Este hallazgo sugiere que los efectos hepatoprotectores podrían deberse a compuestos más pequeños producidos cuando el cuerpo descompone el fitoeno. Dado que las personas pueden tener diferencias genéticas en las enzimas que metabolizan el fitoeno, se necesita más investigación para identificar estos metabolitos y determinar si algunas personas se benefician más del fitoeno que otras.

El estudio también reveló que las hembras acumulaban más fitoeno en el hígado que los ratones machos, lo que sugiere que el sexo podría influir en la forma en que el organismo absorbe o metaboliza este compuesto. Los autores señalaron que futuros estudios podrían explorar si estas diferencias afectan la capacidad del fitoeno para proteger contra la enfermedad del hígado graso.

El estudio fue publicado en la revista Molecular Nutrition & Food Science


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