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17 abril 2026

La grasa abdominal se relaciona con un mayor riesgo de incontinencia urinaria


La acumulación de grasa en la región abdominal, especialmente la grasa visceral, aumenta significativamente el riesgo de incontinencia urinaria de esfuerzo en las mujeres. 

Un estudio realizado en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) en el estado de São Paulo, Brasil, identificó esta región como la más fuertemente asociada con la pérdida involuntaria de orina, superando la grasa corporal total. Este estudio forma parte de una línea de investigación más amplia sobre disfunciones del suelo pélvico, que incluyen incontinencia urinaria, incontinencia fecal, prolapso de órganos pélvicos, disfunción sexual y dolor pélvico crónico. 

Los resultados se obtuvieron mediante la evaluación de 99 mujeres de entre 18 y 49 años, se centró exclusivamente en mujeres debido a que la incontinencia urinaria es significativamente más frecuente en esta población. En los hombres, el problema suele estar asociado a la cirugía de próstata. En las mujeres, intervienen múltiples factores, como características anatómicas, el embarazo, la menopausia y una mayor tensión en el suelo pélvico.

Las participantes no necesitaban un diagnóstico previo de incontinencia y presentaban índices de masa corporal (IMC) variables para permitir la comparación de diferentes perfiles. Las mujeres se sometieron a una prueba llamada absorciometría de rayos X de doble energía (DXA), considerada el método de referencia para el análisis de la composición corporal. La DXA permite medir no solo la cantidad total de grasa, sino también su distribución en regiones específicas del cuerpo.

Los investigadores analizaron la grasa total, la grasa abdominal (androide), la grasa en la región pélvica (ginecoide) y la grasa visceral, que se encuentra entre los órganos. Además, administraron cuestionarios validados para identificar la incontinencia y evaluar su impacto en la calidad de vida de las mujeres. Aproximadamente el 39,4 % de las participantes reportaron episodios de pérdida de orina, una cifra que coincide con las estimaciones internacionales.

Los resultados mostraron que las mujeres con mayor cantidad de grasa corporal tenían más probabilidades de sufrir incontinencia. Sin embargo, el hallazgo principal fue el papel de la grasa visceral. La presencia de este tipo de grasa aumentó la probabilidad de incontinencia urinaria de esfuerzo en aproximadamente un 51 %. Hay dos posibles explicaciones. La primera es mecánica. A medida que se acumula grasa visceral en la cavidad abdominal, aumenta la presión sobre los órganos internos y sobrecarga el suelo pélvico, la estructura responsable de sostener la vejiga y controlar el flujo urinario. El exceso de peso en esta zona genera una tensión constante. Con el tiempo, estos músculos pueden fatigarse y volverse menos eficientes. El segundo mecanismo es metabólico. La grasa visceral no solo funciona como reserva de energía; es metabólicamente activa y libera sustancias inflamatorias que circulan por todo el cuerpo. Este proceso puede comprometer la calidad muscular y reducir la capacidad de contracción, incluyendo la de los músculos del suelo pélvico. 

El estudio es importante porque demuestra que el exceso de peso y la distribución de la grasa corporal pueden influir en el desarrollo del problema, incluso en mujeres con un IMC normal. Sin embargo, dado que se trata de un estudio transversal que analiza a las participantes en un único momento, los investigadores no pueden establecer una relación de causa y efecto; solo pueden concluir que existe una asociación entre los factores. No obstante, los hallazgos contribuyen a orientar las estrategias de prevención y tratamiento. Una de las principales formas de tratamiento consiste en fortalecer los músculos del suelo pélvico mediante fisioterapia específica para la salud femenina. La supervisión profesional es fundamental, ya que muchas mujeres no pueden contraer correctamente estos músculos por sí solas, con la orientación adecuada, el entrenamiento puede conducir a una mejora significativa en unos tres meses. Sin embargo, como cualquier otro grupo muscular, el suelo pélvico necesita ejercicio continuo. 

Los investigadores están planificando los siguientes pasos de su investigación, que incluirán el uso de resonancias magnéticas para evaluar directamente la presencia de grasa que se infiltra en los músculos, un fenómeno conocido como mioesteatosis. También están estudiando si las mujeres obesas pueden beneficiarse de protocolos de entrenamiento específicos.

Los resultados se publicaron en el European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology e indican que la distribución de la grasa corporal podría ser un factor más determinante que el peso en sí para explicar esta afección.

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