Los adolescentes sufren privación crónica de sueño durante los días escolares, lo que afecta negativamente su bienestar y capacidad de aprendizaje.
Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Zúrich y el Hospital Infantil Universitario de Zúrich revela que un inicio flexible de la jornada escolar puede mejorar el sueño, la salud y el rendimiento académico de los adolescentes. Los estudiantes de secundaria suelen tener dificultades para acostarse a una hora razonable, lo que les dificulta empezar la escuela temprano por la mañana. Esto se debe a que los adolescentes están programados biológicamente para dormirse más tarde que los adultos, y su reloj biológico se retrasa progresivamente durante la adolescencia. Como resultado, la mayoría de los adolescentes no duermen lo suficiente los días de clase y su déficit de sueño aumenta a medida que avanza la semana.
La biología del sueño de los adolescentes les impide conciliar el sueño lo suficientemente temprano para satisfacer sus necesidades de sueño, por lo que comenzar la escuela más tarde en la mañana podría tener efectos positivos significativos.
Si bien el impacto de comenzar la jornada escolar más tarde ha sido ampliamente estudiado a nivel internacional, actualmente hay una falta de investigaciones sobre modelos flexibles que permitan a los estudiantes elegir entre un comienzo temprano o más tardío.
La Universidad de Zúrich y el Hospital Infantil Universitario de Zúrich, han llevado a cabo una investigación que respalda científicamente la creación de horarios escolares más adaptados a las necesidades de los adolescentes.
Hace tres años, el instituto de secundaria de Gossau, en el cantón nororiental de San Galo, introdujo un horario escolar flexible. Desde entonces, los estudiantes tienen la opción de asistir a módulos antes del inicio de las clases regulares por la mañana, al mediodía y por la tarde. Esto significa que los estudiantes deciden cuándo comienzan su jornada escolar: pueden llegar a las 7:30 o esperar hasta las 8:30, hora oficial de inicio de las clases.
Utilizando este modelo, el equipo de investigación examinó los patrones de sueño de los adolescentes y el impacto de la falta de sueño en su salud y rendimiento académico. Los alumnos, con una edad promedio de 14 años, fueron encuestados una vez con el modelo escolar tradicional, comenzando a las 7:20 a. m., y una segunda vez un año después con el nuevo modelo. El equipo de investigación evaluó un total de 754 respuestas.
Los resultados son contundentes: el 95 % de los estudiantes aprovecharon la opción de empezar las clases más tarde, una media de 38 minutos más tarde que con el sistema anterior. Como resultado, los adolescentes pudieron levantarse 40 minutos más tarde por la mañana. Al seguir acostándose aproximadamente a la misma hora, su sueño total aumentó: los días de clase, los estudiantes durmieron una media de 45 minutos más.
También se observaron otras ventajas. Los estudiantes reportaron menos problemas para conciliar el sueño y una mejor calidad de vida relacionada con la salud. Con el nuevo modelo, los resultados objetivos de aprendizaje en inglés y matemáticas mejoraron en comparación con los resultados de las pruebas cantonales.
El estudio muestra que los horarios flexibles de inicio de clases pueden ser un enfoque eficaz y práctico para reducir la privación crónica del sueño y mejorar la salud mental y el rendimiento académico de los adolescentes.
El artículo se publicó en la revista Journal of Adolescent Health.


No hay comentarios :
Publicar un comentario