14 octubre 2026

Los ovarios permanecen activos décadas después de la menopausia

 

Un nuevo estudio realizado por, científicos de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento descubrieron que, incluso décadas después de la menopausia, el ovario permanece biológicamente activo y continúa remodelándose con la edad, mostrando mayor inflamación y cambios en la estructura del tejido. El estudio también halló una relación molecular entre el envejecimiento ovárico y el cáncer.

El grupo ya había encontrado evidencia similar de remodelación continua en los ovarios posmenopáusicos de ratones. Cuando emprendió esa investigación y el estudio actual en humanos, también esperaban ver muy poca actividad en el ovario posmenopáusico. Lo que aún se desconoce, y que requerirá mucha más investigación, es exactamente qué función cumple el ovario después de la menopausia y si esos cambios son beneficiosos o perjudiciales a medida que las mujeres envejecen.

Para descubrir qué estaba cambiando, los científicos fueron más allá de las hormonas ováricas y analizaron la composición del tejido con alta resolución. Usaron tecnologías proteómicas avanzadas que pueden identificar y medir miles de proteínas a la vez para analizar 5812 grupos de proteínas en tejido ovárico normal de mujeres posmenopáusicas de entre 50 y 75 años. Al centrarse exclusivamente en mujeres dentro de un rango de edad relativamente estrecho de 25 años después de la menopausia, en lugar de comparar ovarios jóvenes y mayores a lo largo de toda la vida, los investigadores pudieron determinar con precisión los cambios moleculares que continúan ocurriendo durante los años posteriores a la menopausia.

Esta tecnología también permitió al equipo examinar miles de proteínas en cada muestra y buscar patrones que surgieron mediante múltiples tipos de análisis estadístico. Estos análisis arrojaron un panorama coherente: el ovario continúa cambiando mucho después de que finaliza su vida reproductiva.

Los ovarios de mujeres jóvenes posmenopáusicas presentaban mayor cantidad de proteínas implicadas en el mantenimiento de la estructura celular y tisular, mientras que los ovarios de mujeres mayores tenían más proteínas asociadas con la inflamación, la actividad inmunitaria y la degradación y regeneración continua del tejido que rodea a las células. Las diferencias fueron más pronunciadas entre los ovarios de mujeres de 50 años y los de mujeres de 70 años o más.

Los ovarios envejecidos también mostraron algunos de los mismos patrones moleculares observados en la senescencia celular, un estado en el que las células envejecidas o dañadas dejan de dividirse, pero permanecen biológicamente activas y pueden enviar señales que afectan al tejido circundante.

Estos hallazgos también se basan en un descubrimiento de hace una década. En 2016, el equipo fue el primero en descubrir que, con la edad, los ovarios se inflaman, se vuelven fibrosos y rígidos, de forma similar a las cicatrices en otros tejidos. Dado que las células cancerosas pueden proliferar en entornos rígidos y ricos en colágeno, los científicos han estado investigando si estos cambios relacionados con la edad podrían hacer que el ovario sea más propicio para el desarrollo de células cancerosas.

El nuevo estudio ofrece una visión molecular de ese mismo proceso de remodelación en etapas posteriores de la vida. A medida que los ovarios posmenopáusicos envejecían, las proteínas implicadas en el mantenimiento de la estructura tisular disminuían, mientras que las proteínas implicadas en la inflamación y la remodelación del entorno tisular adquirían mayor protagonismo. Si bien todo el tejido ovárico del estudio parecía normal y libre de cáncer, algunas proteínas previamente asociadas con el cáncer de ovario eran más abundantes en los ovarios envejecidos, observándose la señal más fuerte en mujeres de 60 años o más. Este hallazgo no implica que los ovarios fueran cancerosos o precancerosos, sino que sugiere que el envejecimiento ovárico saludable y el cáncer de ovario comparten algunos procesos biológicos.

Todo esto concuerda con la idea de que el envejecimiento ovárico representa un tercer factor potencial en el desarrollo del cáncer de ovario, siendo el primero genético y el segundo ambiental.  Los hallazgos no aclaran si se deben extirpar los ovarios sanos después de la menopausia, enfatizaron los investigadores. Más bien, plantean nuevas preguntas sobre cómo la actividad biológica del ovario posmenopáusico podría influir en la salud de la mujer a nivel sistémico y si los cambios observados contribuyen a la aparición de enfermedades o son simplemente características del envejecimiento normal.

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