La menopausia ha sido históricamente poco estudiada y malinterpretada, tanto en la investigación biomédica como en la práctica clínica. Sin embargo, con el aumento de la esperanza de vida, el número de mujeres en la etapa posmenopáusica sigue creciendo y, en 2021, las mayores de 50 años ya representaban el 26 % de la población mundial, según la OMS.
Sus efectos van mucho más allá del sistema reproductivo y se asocian a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas, neurodegenerativas y óseas. Sin embargo, pocos estudios han analizado en profundidad cómo este proceso afecta al sistema reproductivo femenino en su conjunto, más allá de los ovarios.
En este contexto, un nuevo estudio del Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona (BSC-CNS), publicado en la revista Nature Aging , presenta el primer atlas a gran escala del envejecimiento del sistema reproductivo femenino, proporcionando una nueva visión de cómo este proceso impacta en la salud. Mediante la integración de 1.112 imágenes de tejido procedentes de 659 muestras, de 304 mujeres de entre 20 y 70 años, y el análisis de la expresión de miles de genes, el estudio reconstruyó la trayectoria de envejecimiento en siete órganos reproductores: útero, ovario, vagina, cuello uterino, mama y trompas de Falopio.
De este modo, aprovechando la alta capacidad de clasificación de imágenes de la inteligencia artificial y los recursos de supercomputación de MareNostrum 5, los investigadores utilizaron técnicas como el aprendizaje profundo para identificar tanto los cambios observables en los tejidos como los procesos moleculares asociados al envejecimiento en cada órgano.
Los resultados muestran que no todos los órganos envejecen de forma uniforme o lineal: mientras que el ovario y la vagina presentan un envejecimiento progresivo que comienza años antes de la menopausia, el útero experimenta cambios mucho más abruptos en torno a esta época. El análisis también revela que no solo los órganos envejecen de manera diferente, sino también los tejidos dentro del mismo órgano, como la mucosa o el músculo uterino, que son especialmente sensibles a los cambios asociados con la menopausia.
El estudio también identificó señales moleculares asociadas al envejecimiento que pueden detectarse en la sangre, tras analizar muestras de plasma sanguíneo de 21.441 mujeres. Estos biomarcadores permitirían monitorizar de forma no invasiva el estado de los órganos reproductores y anticipar los riesgos asociados a la menopausia, como el prolapso del suelo pélvico u otras complicaciones. Además, podrían detectarse sin necesidad de biopsias, facilitando un seguimiento más accesible y menos invasivo.
En un contexto de creciente esperanza de vida, comprender cómo envejece el sistema reproductivo es clave para mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de múltiples enfermedades asociadas. Este estudio representa un paso importante hacia una comprensión más completa del envejecimiento femenino y sienta las bases para una medicina más precisa y equitativa en la salud de la mujer.

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