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23 agosto 2007

PSICOSIS

Es un trastorno de la conciencia de realidad, que se manifiesta por un cambio inesperado de los criterios con que un sujeto acepta qué es real, que difieren de los criterios que tenía previamente, y que difieren de los criterios del grupo cultural al que pertenece. Los sujetos psicóticos suelen experimentar alucinaciones, pensamientos delirantes, y trastornos formales del pensamiento (cambios de las relaciones semánticas y sintácticas). Por lo general el sujeto carece de introspección acerca de la naturaleza extraña o extravagante que puede adoptar su conducta o sus pensamientos, los que terminan por provocar una grave disfunción social. Las psicosis tienen diferentes orígenes, y suelen considerarse un síndrome, más que una entidad nosológica diferenciada. Se ha planteado que los fenómenos psicóticos más característicos, como las alucinaciones y los delirios, sean más frecuentes en la población general que lo que se pensaba, y que en realidad podrían ser parte de un continuum sintomático. El tratamiento de una psicosis depende del origen que tenga, pero en general en la mayoría de los casos se utilizan medicamentos antipsicóticos, además de diversos apoyos psicosociales y el tratamiento de la enfermedad de base

22 agosto 2007

RIESGOS DE USAR UN CELULAR

Los campos de RF penetran los tejidos expuestos a profundidades que dependen de la frecuencia- hasta un centímetro en el caso de las frecuencias utilizadas por los teléfonos móviles. La energía RF es absorbida en el cuerpo y produce calentamiento, pero el proceso termorregulatorio normal, disipa este calor. Todos los efectos establecidos debido a la exposición a la RF están relacionados con el calentamiento. Mientras la energía de RF puede interactuar con tejidos del cuerpo a niveles muy bajos para producir un calentamiento insignificante, no hay estudios que hayan demostrado efectos adversos en la exposición a niveles que se encuentran por debajo de los límites internacionales.
Con la llegada de varios aparatos como los walkie talkie y teléfonos móviles, algunos estudios se han especializado en las consecuencias de la exposición localizada de los campos de RF en la cabeza.
La OMS ha identificado la necesidad de investigaciones que permitan hacer mejores evaluaciones de riesgo en la salud y promueve dichas investigaciones entre las agencias que puedan financiarlas . Brevemente las investigaciones, hasta el momento, arrojan los siguientes resultados:
Las evidencias científicas actuales indican que es improbable que la exposición a campos de RF, como los emitidos por los teléfonos móviles y sus estaciones base, induzca o produzca cáncer. Varios estudios en animales expuestos a campos de RF similares a los emitidos por los teléfonos móviles no encuentran evidencia de que la RF cause o estimule tumores cerebrales. A pesar de que un estudio realizado en 1997 encontró que los campos de RF incrementan la tasa de ratones genéticamente manipulados que desarrollan leucemia, las implicaciones de estos resultados para la salud humana no es clara. Varios estudios vienen llevándose a cabo para confirmar este hallazgo y determinar cualquier relevancia de estos resultados con el cáncer en seres humanos. Tres estudios epidemiológicos recientes no encontraron evidencia convincente del incremento de riesgo de cáncer o cualquier otra enfermedad debido al uso de teléfonos móviles.
Algunos científicos han reportado otros efectos debido al uso de teléfonos móviles que incluyen cambios en la actividad normal del cerebro, en el tiempo de reacción y en los patrones de sueño. Estos efectos son mínimos y no tienen aparente efecto sobre la salud. Más estudios se están llevando a cabo para confirmar estos hallazgos.
Las investigaciones han demostrado claramente un incremento en el riesgo de accidentes automovilísticos cuando los teléfonos móviles (tanto los de tipo portátil como los hands-free) son utilizados mientras se maneja.
Cuando los teléfonos móviles son utilizados cerca de algunos aparatos médicos (incluyendo marcapasos, implantes tipo desfibrilador y algunos audífonos) existe la posibilidad de causar interferencia.

AUTOCONTROL CEREBRAL

La capacidad para controlarse reside en una zona del cerebro distinta a la responsable de generar acciones intencionadas o la que se activa al seleccionar entre diferentes alternativas. Según un estudio publicado en 'The Journal of Neuroscience', la identificación de esta área podría ayudar a explicar algunos trastornos psiquiátricos en los que el autocontrol está alterado.
Los resultados amplían la comprensión de la base neurológica de la toma de decisiones y podrían ayudar a explicar por qué algunos individuos son impulsivos mientras que otros son reacios a actuar, según explica el doctor Marcel Brass, del Instituto de Ciencias de la Conducta Humana y el Cerebro Max Planck, en Leipzig (Alemania) y principal autor del estudio.
Existe una clara diferencia entre la intención de golpear a alguien y hacerlo realmente. Muchos estudios que han buscado dónde se encuentra la zona del cerebro responsable de las acciones han relacionado los lóbulos frontales con la inhibición de respuestas a estímulos externos. Sin embargo, no está muy claro si las decisiones endógenas de actuar o de controlarse, aquellas que tienen un componente intencional y no están mediadas por un estímulo inmediato, involucran áreas similares del cerebro.
Para conocer si efectivamente los lóbulos frontales del cerebro están relacionados con el autocontrol, el doctor Brass, junto con Patrick Haggard, de la University College London, llevaron a cabo un estudio con 15 voluntarios sanos. A los participantes se les pidió que decidieran libremente presionar o no un botón mientras observaban un reloj de mano. También se les dijo que, en otro momento, cancelaran su intención de hacerlo. Mientras que llevaban a cabo estas acciones se llevaron a cabo imágenes de resonancia magnética funcional para valorar la actividad cerebral.
Los investigadores compararon las imágenes que obtuvieron en los ensayos en los que se realizó la acción con aquellas en las que finalmente se decidió no actuar. Así, pudieron comprobar que cuando los participantes se controlaban se activaba la corteza frontomedial dorsal (en la línea media del cerebro sobre los ojos), pero no la corteza prefrontal. Además, comprobaron que los participantes con una mayor activación del área frontomedial inhibieron acciones con más frecuencia.
"Los resultados iluminan un aspecto muy importante del control de la conducta en el cerebro, la capacidad para resistirse a hacer algo después de tener la intención de hacerlo; uno podría llamarlo 'libertad de no querer' frente a libertad de querer", explica la doctora Martha Farah, de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos). "Es muy importante identificar circuitos que permiten esa 'libertad de no querer' porque muchas enfermedades psiquiátricas presentan problemas de autocontrol, desde el déficit de atención hasta la adicción a las sustancias y varios trastornos de personalidad".

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